Historia del nombre "ALTAMIRA"

Nuestra empresa representa un hermoso pueblo de la zona del Huila en Colombia, cuyo nombre Altamira nos habla de sus montes desde donde se puede apreciar todo el valle y donde se cuenta la leyenda de la India Gaitana.

La Cacica indígena colombiana que vivió en Timaná en la zona que es hoy el Municipio de Altamira en la primera mitad del siglo XVI. Dio muerte al conquistador Pedro de Añasco después de que éste matara a su hijo ante sus propios ojos e intervino en la sublevación general dirigida por Pigoanza hasta convertirse en leyenda popular y heroína de los yalcones.  La Gaitana protagonizó un episodio de la conquista de Colombia que generó una leyenda histórica aceptada como prototipo de la resistencia indígena a la invasión española. El hecho histórico lo refiere el cronista fray Pedro Simón, quién señaló que Sebastián de Belalcázar en su marcha descubridora al país de los chibchas alcanzó Neiva y desde allí envió de regreso al sur al capitán Pedro de Añasco, para que fundara una población que sirviera de enlace entre los valles de Popayán (donde habia fundado Popayán y Cali) y del Magdalena. El capitán cumplió el mandato y en diciembre de 1538 erigió la población de Guacayo, llamada luego Altamira, por el nombre indígena de la región donde estaba enclavada. Añasco sometió superficialmente a los indígenas comarcanos, llamados yalcones, uno de los muchos pueblos caribes de la zona. 

La Gaitana juró vengarse por el bárbaro asesinato de su hijo y recorrió las parcialidades indígenas promoviendo una sublevación, que acaudilló el cacique Pigoanza. Añasco trató de abortar la rebelión y partió contra los naturales al frente de algunos de sus hombres. Los indígenas cayeron sobre ellos y les dieron muerte, excepto a seis, que lograron salvarse, y al propio Añasco, que cayó prisionero. Fue entregado a La Gaitana, quien según el citado Simón, mandó “sacarle los ojos, para con esto acrecentarle los deseos de la muerte; horadóle luego ella (La Cacica) por su mano por debajo de la lengua y metiéndole por allí una soga y dándole un grueso nudo, lo llevaba tirando della de pueblo en pueblo, recorriendo las lomas de los montes de Altamira, celebrando todos la victoria, hasta que habiéndosele hinchado el rostro con monstruosidad y desencajadas las quijadas por la fuerza de los tirones, viendo se iba acercando a la muerte, le comenzaron a cortar, con intervalos de tiempo, las manos y brazos, pies y piernas por sus coyunturas, y las partes pudendas, todo lo cual sufría el esforzado capitán con paciencia cristiana, ofreciendo a Dios su muerte, hasta que le llegó en medio de tan intolerables angustias”.

En estas acciones se perdió el rastro de La Gaitana. La comunicación entre el Nuevo Reino de Granada y Popayán estuvo prácticamente interrumpida para los españoles hasta bien entrado el siglo XVII.